MIS NAVIDADES TEA

La Navidad es la época más bonita del año, afirmaba durante toda mi infancia. Da igual el frio, da igual el mal tiempo, casi que dan igual todos los inconvenientes porque es la época con más magia y encanto de todo el año. Los recuerdos de mi infancia con respeto a la Navidad tienen olor a abeto inundando todos y cada uno de los rincones de nuestra casa, adornar ese abeto como nuestro árbol de Navidad era para mí y mis hermanos motivo de alegría y celebración. A pesar de que ha pasado mucho tiempo de aquellos tiempos, todavía recuerdo esa magia que yo he vivido, e intento traspasárselo a mi hijo y hacerlo sentir que es una época especial. Es cierto que mi pequeño campeón debido a su TEA quizás no percibe los acontecimientos y lo que ocurre a su alrededor igual que los demás niños, pero, por qué no intentarlo. Desde cuando Sebastián era un bebé, en Navidad siempre en nuestra casa ha habido un pequeño árbol con coloridos adornos y luces.

Con un bebé en casa todo cambia y por supuesto en Navidad, vuelve a ser todo igual de bonito como cuando tú eras pequeña y quieres trasmitirle con mucho amor e ilusión toda la magia que envuelve estas fechas, el árbol y los adornos, los villancicos, Papá Noel, los Reyes Magos, etc., lo vuelves a vivir todo desde otra perspectiva y procuras de que cada momento sea especial, perfecto, y que sea algo que siempre vaya a recordar. Cuando llegó a nuestras vidas el diagnostico TEA en Navidades no cambiamos demasiado nuestras costumbres excepto una.
Sebastián no entiende lo que ocurre a su alrededor, se agobia y se frustra con facilidad, llora casi con todo y por todo, entonces yo pensé que, quizá él no entendía lo que era Papá Noel y los Reyes Magos y por lo tanto daba igual tener un juguete antes o después de la fecha porque él no sabía lo que es, pero claro, el tiempo pasa, Sebastián crece, sus terapias empiezan a dar frutos, cada vez se desenvuelve mejor y empieza a comprender el mundo que le rodea, se frustra mucho menos y es cada vez más participativo en las cosas del día a día. Tanto que hace un par de años el día de Navidad se fue corriendo a su árbol y como siempre no había nada, se quedó inmóvil delante del árbol y empezó a llorar desconsoladamente. Yo no entendía nada.
Me hacía mil preguntas a las que yo tampoco sabía contestar ¿Por qué llora si él no sabe qué día es? Él no sabe que es la Navidad y mucho menos que ese señor de traje rojo y barbas blancas acostumbra a dejar regalos el día de Navidad. En ese momento estaba muy confusa y no encontraba lógica ninguna a lo que había ocurrido, pero a la misma vez me sentía la persona más despreciable del mundo por haber menospreciado las capacidades de mi hijo y sobre todo por pensar que por no hablar tampoco podía comprender ni entender. En los días posteriores a este acontecimiento empecé a preparar la llegada de los Reyes Magos ya que al parecer el motivo de su llanto había sido por la enorme tristeza que le provocó ver que Papá Noel se había olvidado de él. No conseguía salir de mi asombro por lo ocurrido, pero tenía claro que por nada en el mundo querría volver a repetir la experiencia, así que preparé con mucha ilusión la llegada de los Reyes Magos, pero llegado el día me vuelvo a quedar sorprendida porque mi hijo no quería ni mirar los regalos, y pensé “en Navidad todo fue una casualidad”.
Partiendo del pensamiento de que todo había sido una gran casualidad, pero sin querer que se volviera a repetir todo lo ocurrido, al año siguiente preparemos la llegada de Papá Noel con muchos regalos envueltos en coloridos papeles que no dejarían a nadie indiferente, cuando llega el día el señor de traje rojo y barbas blancas hace su trabajo y deja junto al árbol los regalos.
Con todo preparado había que esperar lo más importante, la reacción de mi pequeño campeón. En la mañana de Navidad cuando vio sus regalos junto al árbol se puso eufórico, tenía risas de todos los colores, sus ojos brillaban de una manera muy especial y su preciosa cara hablaba por sí misma. Mientras que él lo deslumbraba todo con su felicidad yo pensé: “mi pequeño sabe que Papá Noel deja regalos y él está inmensamente feliz de tener los suyos”. Después de ver la ilusión de mi hijo y de sentirme feliz sólo con ver su cara de emoción me prometí a mí misma que no volvería a menospreciar las capacidades de mi hijo, aunque a veces vuelvo a caer en el error de pensar que él no puede o no sabe.
Quizá habrá gente que no pueda comprender muy bien todo este cúmulo de circunstancias y de sentimientos, pero, cuando tu hijo no habla y los sistemas alternativos de comunicación no se dominan muy bien, el día a día se vive casi como una adivinanza. Te pasas el tiempo intentando interpretar los llantos, los quejidos, las risas, etc. La convivencia te hace conocerlo tanto que casi todo lo puedes interpretar, pero créanme que no es nada fácil. Dejando a un lado todo lo que nos dificulta el día a día y nos hace estancarnos a veces, quiero destacar los buenos momentos que son los que nos unen y nos hacen más fuertes, quiero destacar que, esta sería la tercera Navidad que tiene magia en nuestro hogar. Estoy deseando que llegue el día de Navidad, estoy deseando ver la preciosa cara de mi pequeño irradiando felicidad delante de sus regalos.
No hay nada más poderoso y más hermoso que la ilusión de un niño, alimentarme de su ilusión es lo que me hace sentir que estoy viviendo una FELIZ NAVIDAD.

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