Terapias con el caballo

Terapias con el caballo.

Desde que a mi pequeño le diagnosticaron TEA yo como madre siempre he intentado protegerlo, pero, siempre he procurado no trasmitirle mis miedos, ya que son infinitos, porque yo soy la típica persona que ve un bicho y sale corriendo. Siempre pensé que a pesar de mis miedos, no estaría mal que Sebastián, tenga trato con animales, por ello, procuro que Sebastián tenga cercanía y trato cada vez que tenemos la oportunidad y lo animo a que los toque y los acaricie, pero, lo hace temeroso y con un toque rápido y corto.

Recuerdo como si fuera ayer aquel domingo que ocurrió algo impensable con las características de Sebastián. Ese domingo Sebastián estaba conmigo en el trabajo y de repente en la puerta paro un carruaje con dos caballos. Mi hijo al verlos se quedó inmóvil mirando. En ese momento, uno de los dos ocupantes del carruaje se dio cuenta de la reacción de mi pequeño y se bajó, cogió a Sebastián en brazos y lo subió encima de uno de los caballos. Yo estaba temblando porque estaba sumamente nerviosa por si el caballo se asustaba y lo tiraba, pero nada de eso paso. Sebastián se acostó encima del caballo para darle un abrazo y un beso. Era la primera vez que Sebastián hacia un gesto espontaneo y además de cariño. Después de esta inesperada reacción mi pareja y yo nos planteamos buscar terapias con caballo. Primero empecé a leer sobre los múltiples beneficios que proporciona este tipo de terapias en los niños con TEA, y después empecé a recoger información sobre que sitios son mas adecuados y mas preparados para este tipo de terapias. Porque no solo es importante el caballo, también es importante que la persona que da dicha terapia, sea una persona con cierta formación y preparación. Porque en los niños con TEA se dan a menudo episodios de estereotipias, de frustración o de ansiedad, y para corregir o modificar cualquiera de estas características se precisa estar formado.
Primero empezamos las terapias en el centro ecuestre SOTOMAYOR con Belén una chica dulce, cariñosa y formada y preparada para este tipo de terapias. Belén daba las terapias acompañando los niños encima del caballo, aprovechando así para corregir estereotipias y calmar a los niños en caso de estar frustrados o ansiosos. En el tiempo que fuimos a este centro Sebastián disfrutaba con sus clases y no lloro casi. A los tres meses después de empezar las terapias se nos informa de que por motivos administrativos no se pueden impartir más clases. Ante esta información empezamos a buscar un nuevo centro, ya que nosotros considerábamos que esta terapia era beneficiosas para Sebastián. En nuestra búsqueda encontramos el picadero EL TREBOL. Este centro está dirigido por Fulgencio Benzal director y propietario del centro, junto a su mujer Antonia Murcia y sus hijas Patricia, Carmen María y Begoña que imparten clases y terapias. Esta humilde y sencilla familia dedica su vida a querer y a cuidar a estos nobles animales. Ese amor que ellos sienten por sus caballos se refleja en el trato con los demás, incluso te hacen sentir que formas parte de su familia.
Este centro como todos los demás tiene unas normas obligatorias, y una de ellas es el uso del casco. Para Sebastián era la primera vez que usaba el casco, y esta experiencia no fue nada positiva. Había que forcejear con él cada comienzo de clase hasta conseguir ponerle el casco, porque Sebastian lloraba y pataleaba cada vez que tocaba ponerse el casco.
Lloraba en todas las clases y eran pocas las clases en las que no lloraba o el llanto cesaba en la primera media hora, pero yo seguía convencida de que tenia que ir porque era bueno. Hasta me puse a confeccionar unos depósitos para engancharlos a las columnas del recinto. Los depósitos eran de colores vistosos y alegres con velcro para que se pudieran pegar pictogramas para hacer distintos juegos y así desviar la atención de mi pequeño y que dejara de llorar tanto por el casco, pero tampoco funciono. Poco a poco empecé a darme cuenta de que lo que debería de ser una terapia era un castigo, porque una terapia es beneficiosa cuando te relajas, cuando la disfrutas o simplemente eres feliz con lo que haces.
En ocasiones nos empeñamos en que nuestros hijos deben hacer determinadas cosas pensando que es bueno para ellos y no tenemos en cuenta que posiblemente con su llanto nos estén indicando que no quieren o no les gusta. Después de muchos meses de llanto me planteé darle un descanso a Sebastián y en este tiempo intentar trabajar con él la tolerancia del casco, pero fue un fracaso y entendí, que una terapia por muy beneficiosa que sea, o por mucho que sus terapeutas se esfuercen, si el niño no se relaja y no la disfruta, no es terapia. De todos modos, a pesar de que en el caso de Sebastián no funcionó hay muchísimos niños a los cuales estas terapias le van de maravilla y les ayuda a mejorar su autoestima, la capacidad de prestar atención, de vencer sus miedos, etc. Y por ultimó agradecer el trato que fue inmejorable de todos y cada uno de los miembros del picadero EL TREBOL. Agradecer también que aunque pasaron meses de la ultima clase, esta familia, todavía se preocupa de como le va a Sebastián y como va evolucionando en su día a día.

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